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Relatos...


(Fragmento de video tomado de youtube:)
Cantinflas dice en este video:
"Toda mi familia es de Cotija de La Paz... mi familia es de Michoacán y yo también"


(Para ver el video, hacer clic en la flechita de play)



Para todos los que están lejos y los que están en Cotija, aqui pueden ver:

Video de la Bendición con la Vírgen del Barrio, desde San Diego
que amablemente nos envía arirebel
(Dar clic en "Cargar video", esperar un poco y al terminar de cargar, aparecerá una barra de controles. Entonces ahí darle clic a la Flechita de Play"


Fotografías enviadas por arirebel desde San Diego:

(Para que se queden fijas a la primera sólo dales una pasada con el mouse para arriba o para abajo)

(Hasta abajo de la página se pueden ver más grandes.)



Fotos del Desfile del
20 de Noviembre de 2008 en Cotija.
Nos las envía SERVINET DIGITAL
para ustedes:

(Para que se queden fijas a la primera sólo dales una pasada con el mouse para arriba o para abajo)

(Hasta abajo de la página se pueden ver más grandes.)



Fotos del 15 Y 16 de Septiembre en Cotija. Cortesía de SERVINET DIGITAL

(Para que se queden fijas a la primera sólo dales una pasada con el mouse para arriba o para abajo)

(Hasta abajo de la página se pueden ver más grandes.)


Aquí tenemos unas fotos del arreglo de las calles de Cotija, cortesía de SERVINET DIGITAL

(Hasta abajo de la página se pueden ver más grandes.)


Relatos...

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Nos gustaría leer tu opinión y/o sugerencias sobre los relatos. Muchas gracias.


LEYENDA DE NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN DEL BARRIO.
(Fragmento del libro “Cotija, cuna de trotamundos” 1ª Parte, del Pbro. José Romero Vargas, Primera edición, 1973, págs 137 a140,) .

“…recordemos esta leyenda que entre otras, nos contaron cuando éramos niños.

Era un mes de agosto y cuando las siembras de maíz necesitaban de más humedad aconteció que no llovía. La gente se alarmó con sobrada razón y por todas partes se decía que iba a haber otro “año de hambre” y se acudió a donde, “cuando aprieta el zapato”, los creyentes nos dirigimos.

Primero se hicieron Rogativas Públicas, pero el cielo ni siquiera se nubló. Después un triduo a San Isidro Labrador y pasó lo mismo. Luego se sacaron en procesión por los campos las imágenes de un Santo Cristo, la Virgen de los Dolores, San José, San Antonio de Padua y otros más, mirando al cielo cada rato la pobre gente sin encontrar señales de alivio.

Entonces cuando ya cundía la desesperación, al mirar por todas partes que las matas de maíz estaban ya “torcidas”, propuso el Padre don Pánfilo Oseguera que trajeran al Templo Parroquial a Nuestra Señora de San Juan del Barrio y le hicieron un triduo muy solemne, a fin de que por su poderosa intercesión la Providencia Divina mandara sobre la árida tierra la fecunda lluvia.

La ciudad de Cotija, encabezada por sus sacerdotes, trajeron en medio de fervorosas oraciones, penitencias y lágrimas a la “Celestial guerita” y la colocaron en el altar mayor.

El cielo estaba completamente limpio y un sol abrasador daba señales de que todo seguiría lo mismo; más apenas había pasado un rito de la Consagración en la Santa Misa cuando ¡Oh prodigio!, detrás de los cerros de Patamban y de Tancítaro comenzaron a salir negros y gruesos nubarrones que pronto se extendieron por toda la comarca, cayendo minutos después un fuerte aguacero.

¡Milagro! ¡Milagro! Era la exclamación que salía de todas las bocas, mientras las milpas, como agradecidas también, levantaban sus verdes y tiernas hojas a los cielos.

Se echaron a vuelo las campanas, la orquesta dirigida por don David Torres tocó tarde y noche en la Plaza Principal, haciéndose estallar con frecuencia potentes cohetes. En el templo los confesionarios “se atestaron” de fieles para ofrecer al día siguiente una Comunión de acción de gracias.

El último día del triduo, después de la Santa Misa, se acercó al Párroco una comisión pidiéndole en nombre del vecindario de Cotija que ya no se llevara al Barrio la Imagen de Nuestra Señora, porque decían:

a) Que la capilla estaba muy mal construida y con materiales muy pobres. b) Que definitivamente se colocara tan prodigiosa Imagen en el nicho principal de un altar de los cruceros.

Oyó conmovido el Señor cura esta petición y les respondió: Es muy justo lo que quieren. Así que lo haremos y espero que el Señor Obispo nos conceda tan especial favor. Entre tanto desde hoy, pasado el rezo del Santo Rosario, se le pondrá donde desean. Avisen al vecindario.

Y mientras las nubes lloraban sobre la tierra y las campanas y los cohetes formaban una algarabía se colocó a Nuestra Señora de San Juan del Barrio en el sitio elegido.

La noche cubrió con su manto la soledad, silencio y reposo a la mariana ciudad y a las primeras luces del siguiente día, ¡Cuál no sería la sorpresa de don Leonidas, el viejo sacristán, cuando al abrir el templo se dio cuenta de que no estaba Nuestra Señora de San Juan del Barrio!

Corrió como enloquecido a la casa parroquial, gritando: ¡Señor Cura! ¡Señor Cura! La Guerita no está donde la pusimos ayer. Venga a ver, por favor, para que no me culpen de nada.

Abrió la puerta de su recámara, bastante disgustado el Párroco, y dijo a don Leónidas:

-¿Te quieres callar, babieco?. Ya estás más loco que todos los que hay en este pueblo.

-¡Qué loco, ni qué babieco, Señor Cura! Venga su merced y venga pronto para que la busquemos antes de que abra todas las puertas del templo y se dé cuenta la gente.

-¡Vamos y ya verás que estás más ciego que Nica! Y te advierto, pedazo de berengo, que allí, frente a Ella y con su soberano permiso, te daré un desorejón que no lo olvidarás nunca.

Tambaleando por los años el sacristán y “en mangas de camisa” el Señor Cura, llegaron al altar del crucero y no vieron la pequeña escultura de la Virgen.

-¿Qué pasó!, gritó el Párroco, mientas con las dos manos se limpiaba los dos ojos. ¿Qué pasó Leónidas de mi alma?

-Pos eso digo también yo, le contestó el sacristán. Ya ve cómo ni estoy loco, ni ciego, ni tampoco soy babieco?

Buscaron por todas partes la preciosa Imagen sin ningún resultado favorable. Luego el Señor Cura se quedó muy preocupado. Parecía que estaba “asonzado” o queriéndose desplomar.

En esto se oyeron fuertes aldabazos en el zaguán del Curato y don Leónidas dijo -¿Abro, Señor Cura?

-Como gustes, le contestó.

Al abrir entró a toda carrera un anciano lechero, quien al ver en tales fachas al Párroco, le dijo:

-¿Es usted, Señor Cura o se parece?

-Claro que lo soy. Te veo asustado. ¿Qué pasa?

-¡Ay, Señor Cura! He visto una cosa que la mera verdad no sé si la vi dormido o loco. Vi. hace rato, cuando traía sobre el lomo el bote de leche, a Nuestra Señora de San Juan del Barrio. Iba la preciosa retechiquita, anda que anda, subiendo por la cuesta de El Negro, por el camino de arriba. Me hinqué asustado hasta que la perdí de vista. Por donde se fue creo que irá para su capilla. Vaya usted para ver si la alcanza y la lleve en sus sagrados brazos.

El Señor Cura entró rápidamente a su recámara. Salió abrochándose la sotana y seguido por el lechero se echó a la calle, donde encontró ya un alboroto.

Sin hacer caso de nadie llegó al potrero de El Camichín, lugar donde le gritó don Tomás el lechero:

-¡Párese, Señor Cura! ¡Párese! Mire las pisaditas de la Virgen. Por aquí pasó, por aquí tomó el camino de a pie al Barrio.

Efectivamente miró profundamente asombrado el buen Párroco, bien marcadas en el lodo, las diminutas plantas de María Santísima. Siguió reverentemente las huellas inmaculadas de la dulce Nazarena y cuando entró a la capilla, ésta ya estaba repleta de fieles que rezaban y lloraban. El suceso no era para menos. La Virgen manifestó claramente su voluntad de no abandonar el lugar a donde le trajo un día don Juan del Barrio.

Se cuenta también que el Señor Cura subió al altar y al abrir el humilde nicho en que se encontraba la Inmaculada Guerita notó que no sólo en sus pies había lodo, sino también en la parte inferior de su vestido y manto. Llorando invitó a pasar a todos los presentes para que fueran testigos de este acontecimiento maravilloso.”

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